El póker y el hampa
Existen ciertas particularidades, en la relación entre estos elementos a lo largo de la historia que podemos considerar como mínimo, curiosas.
Del póker acostumbraban a decir los vaqueros que era el único juego adecuado para hombres que existía. No les importaba que sus salarios se perdieran en ese reglas poker juego pero sí importaba, y mucho, que no sufrieran las habilidades de un tramposo y éste pudiera ser descubierto. En ese caso, la cosa terminaba, inevitablemente, con la muerte del tahúr.
De Hickok, famoso jugador de póker de la época, se dijo que al morir tenía “la mano de la muerte” –luego se supo que lo que tenia era una jugada sin gran valor- , tal vez por fantasear un poco sobre aquel sórdido suceso que marcó el final de una leyenda hecha de actos violentos y de muerte; murió en la parte trasera de un salón durante una juego.
Los escandalosos años veinte iban a ser un emporio para el juego en otras regiones del país del norte: Nueva York, Chicago y Atlantic City. Eran tiempos de la celebérrima y desdichada Ley Seca, hubo muchos más alcohólicos en el país y surgió el gangsterismo poker alrededor del contrabando de alcohol. Al Capone en Chicago o Lucky Luciano en Nueva York, se convirtieron en auténticos zares del crimen, en medio de el ambiente frívolo y despreocupado característico de la década.
Se calcula que solo el póker facilitaba a la mafia hasta veinte o veinticinco millones de dólares anuales de aquellos tiempos.



